La diversidad geográfica de España ha dado lugar a una rica variedad de razas ovinas, cada una adaptada a las condiciones específicas de su entorno. Desde la reconocida raza Merina hasta la popular raza Rasa Aragonesa, la península ibérica alberga una gama fascinante de razas de ovejas, cada una con sus propias características distintivas.
La raza Merina, conocida por su lana de alta calidad, ha sido históricamente valorada por su resistencia y adaptabilidad a diferentes climas. Por otro lado, la raza Churra es reconocida por su rusticidad y capacidad de adaptación a entornos más áridos. Estas razas, entre otras, contribuyen significativamente a la diversidad genética y cultural de la ganadería ovina en España.
La preservación de estas razas autóctonas es crucial para mantener la biodiversidad y salvaguardar los rasgos genéticos únicos que han evolucionado durante siglos. La crianza selectiva y los esfuerzos de conservación juegan un papel fundamental en la protección y promoción de estas razas tradicionales.